Desde ASINTER, como despacho de abogados comprometido con la defensa de los derechos humanos, no podemos permanecer indiferentes ante el horror que se vive en Gaza. Lo que comenzó como una escalada más del conflicto ha derivado en una tragedia humanitaria sin precedentes en el siglo XXI. Día tras día, asistimos al colapso de un pueblo, a la destrucción sistemática de sus hogares, hospitales, escuelas y, lo que es peor, de sus esperanzas.
Las cifras hablan por sí solas: decenas de miles de civiles muertos, una mayoría de ellos mujeres y niños. La comunidad internacional lo observa con perplejidad, algunas instituciones lo denuncian, pero los mecanismos de acción son débiles ante el poder de quienes continúan impunes. Se habla de «daños colaterales», pero lo que vemos son vidas truncadas, generaciones enteras desapareciendo entre escombros.
En derecho internacional existe un concepto que resuena con fuerza: crímenes de guerra. Cuando se ataca de forma deliberada a civiles, cuando se impide el acceso a ayuda humanitaria, cuando se utiliza el hambre como arma de guerra, estamos hablando de posibles delitos contra la humanidad. Desde múltiples foros jurídicos y sociales, se está alzando la voz para calificar estos hechos como un genocidio. Una palabra dura, sí, pero no más dura que la realidad que enfrentan millones de personas en Gaza.
No se trata de ideologías, de religiones, ni de bandos. Se trata de humanidad. De ponernos del lado de los niños que ya no volverán a jugar, de las madres que entierran a sus hijos, de los médicos que operan sin anestesia, de los periodistas que se convierten en objetivo por contar la verdad.
Este no es un conflicto lejano. Es un espejo roto en el que deberíamos mirarnos como sociedad global. Porque si miramos hacia otro lado hoy, mañana podríamos ser nosotros los que gritemos y no se nos escuche.
Desde ASINTER, alzamos la voz por la paz, por la justicia y por el derecho a vivir. Gaza no es solo un territorio: es un símbolo del sufrimiento humano que no puede ni debe normalizarse.

